
Me pide el amigo 古仁德, desde la pavorosa lejanía de la China ancestral y milenaria, que le cuente cómo fue mi primera pipa. Y es tan perentoria su llamada, tan desgarrada y urgente su súplica (sepa usted que yo espero su relato, yo NECESITO saber de su entrada al mundo de la pipa, por favor, concédamelo), que sería yo el más desalmado de los hombres si no accediera a su ruego.

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